martes, 4 de abril de 2017


A por setas con papá


Recuerdo una tarde de otoño. Mi padre me llevó a coger setas por el monte. Yo era muy pequeño, me costaba seguir sus grandes zancadas. En un momento dado íbamos caminando paralelos a un río, el suelo estaba lleno de hojas secas. De repente mi padre dio un tremendo pisotón al suelo ante mi completo asombro, y las hojas empezaron a retorcerse en espirales hasta descubrir
el cuerpo viscoso de una gran serpiente. La bota de mi padre se clavó con más fuerza y aunque probablemente ya estaría muerta como consecuencia de ello, mi corazón empezó a palpitar de forma salvaje, creo que también lloré.
La admiración que ya profesaba por mi padre aumentó ante mis ojos de niño, lo vi más alto, más imponente. Pero aun así, ya no quise volver más a recoger setas por las montañas.
Todavía en mis pesadillas actuales veo sus ojos de reptil y tiemblo como lo hice aquel frío día de septiembre.
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Bl0king

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